Cómo guardar semillas de tomate para la próxima temporada

Cómo extraer, limpiar, secar y guardar semillas de tomate para volver a sembrarlas: un procedimiento sencillo, con observación diaria y consejos para conservarlas.

Tomate partido a la mitad con sus semillas y mucílago visibles

Hay tomates que dan ganas de volver a encontrar: por el sabor, por lo bien que creció la planta o por la alegría de haberlos cosechado en casa. Guardar sus semillas es una forma de continuar esa historia en la próxima temporada.

Para hacerlo, necesitamos extraerlas, retirar la gelatina que las rodea y dejarlas secar bien antes de guardarlas. Es un trabajo sencillo, de esos que se hacen con pocos elementos y un poco de atención.

Elegir un tomate que quieras volver a cultivar

Elegí un tomate completamente maduro, sano y representativo de lo que te gustó de esa planta. Si viene de tu huerta, podés tener en cuenta también su producción y cómo se desarrolló durante la temporada.

Cuando conocemos la variedad y la procedencia, tenemos más información sobre qué esperar. Si las semillas vienen de un tomate híbrido o de origen desconocido, podemos probar: no sabemos de antemano cómo germinarán ni qué características tendrán sus frutos. Que sean híbridas no significa que no puedan germinar.

Yo hice la prueba hasta con una semilla de tomate perita de lata y germinó. Una experiencia que nos dejó con ganas de seguir probando.

Por qué se dejan fermentar las semillas

Al cortar el tomate vas a ver que las semillas están envueltas en una sustancia gelatinosa, el mucílago. Una fermentación breve ayuda a desprender esa cubierta y facilita la limpieza para preparar las semillas que vamos a guardar.

No necesitás reservar el tomate entero: podés retirar las semillas y aprovechar el resto en la cocina.

1. Extraer las semillas

Cortá el tomate y sacá las semillas con una cucharita, junto con el gel y el jugo que las acompañan.

Ponelas en un vaso o frasco limpio y agregá un poco de agua a temperatura ambiente. Identificá el recipiente si estás trabajando con distintas variedades.

2. Dejarlas reposar y revisarlas todos los días

Dejá el recipiente a la sombra, protegido del sol directo, y remové suavemente la mezcla cada día.

El proceso no lleva siempre el mismo tiempo. Nosotros hemos visto que a veces el mucílago se desprende pronto y otras necesita varios días. Por eso conviene revisar la mezcla todos los días y observar cómo se va soltando, en lugar de seguir un calendario rígido.

La guía de la Universidad de Minnesota describe una fermentación que puede completarse dentro de cinco días. Eso orienta, pero no significa que haya que esperar hasta el quinto día si las semillas ya están listas para limpiar.

Para comprobarlo, sacá unas pocas con una cucharita y enjuagalas. Si la gelatina se desprende fácilmente, podés pasar al lavado. Si sigue muy adherida, revisalas nuevamente al día siguiente.

No hace falta estar pendiente del recipiente todo el tiempo, pero sí darle una mirada cada día. No lo dejes olvidado dos días seguidos: revisá cómo se desprende el mucílago y, cuando las semillas estén listas, pasá al enjuague y al secado.

Durante la fermentación puede aparecer una película de moho en la superficie; eso no significa por sí solo que las semillas se hayan arruinado. Lo que queremos evitar es prolongar el proceso sin observar qué está pasando. En el método que usamos, si todavía quedan restos adheridos, podemos hacer un enjuague intermedio y volver a revisar.

Una vez que el gel se desprende, continuá con la limpieza: prolongar el remojo no aporta una ventaja. Si alguna semilla empieza a sacar una raicita, ya está germinando y no sirve para secarla y guardarla como las demás.

3. Colar y enjuagar

Volcá la mezcla en un colador de malla fina y enjuagá con agua limpia, usando un chorro suave para que las semillas no salten.

Podés moverlas con las yemas de los dedos y frotarlas delicadamente contra la malla para ayudar a retirar la gelatina. No hace falta apretarlas ni rasparlas.

Seguí enjuagando hasta que queden limpias, sin restos importantes de pulpa o mucílago.

Limpiarlas hoy para facilitar la próxima siembra

Hay quienes secan las semillas directamente con su gelatina y consiguen que germinen. Acá elegimos retirar el mucílago y enjuagarlas para guardarlas limpias, separadas y más fáciles de manejar.

Yo he recibido semillas de productores en una servilleta de papel, dentro de un sobre, con restos de tomate todavía pegados. Cuando llega el momento de sembrar, hay que desprenderlas con cuidado para no dañarlas ni perder alguna en el intento.

Por eso usamos el papel absorbente para retirar el exceso de agua y después las extendemos sobre una superficie de la que podamos levantarlas fácilmente. Una malla fina o un filtro de café son opciones para el secado.

Ese pequeño trabajo de limpieza se agradece la temporada siguiente, sobre todo cuando guardamos unas pocas semillas de un tomate que nos encantó y que no es fácil volver a conseguir.

4. Retirar el agua y dejar secar

Pasá las semillas a papel absorbente para quitar el exceso de agua. Después extendelas, lo más separadas posible, sobre papel seco o una superficie limpia de la que puedas retirarlas fácilmente.

Dejalas en un lugar ventilado, a la sombra y sin calor directo. Cambiá el papel si queda húmedo y separá con suavidad los pequeños grupos que se formen.

Absorber el agua del lavado es solo el comienzo: antes de guardarlas, las semillas tienen que secarse por completo. El tiempo dependerá de la humedad del ambiente y de cómo estén extendidas.

5. Guardar y etiquetar

Cuando estén bien secas, guardalas en un sobre de papel. Podés colocar los sobres dentro de un frasco bien cerrado para protegerlos de la humedad, en un lugar fresco y seco.

Anotá la fecha, la variedad y la procedencia. Si no conocés su nombre, una descripción también ayuda: «cherry rojo del patio» o «tomate de la tostada que me encantó».

Ahora parece imposible olvidarse, pero cuando llegue la próxima temporada y tengas varios sobres de semillas, ¿te vas a acordar de cuál era cuál? No le dejes todo el trabajo a la memoria: esos detalles que escribas hoy te van a servir el año que viene.

La limpieza, el secado y el almacenamiento fresco y seco forman parte del cuidado de las semillas hasta la próxima siembra.

¿Se hace igual con los tomates de colgar?

Sí, el procedimiento básico es el mismo. Elegí frutos maduros y sanos y conservá la identificación de la variedad.

Si te interesan estos tomates, en «Tomates de colgar: de una tostada en España a una pregunta para nuestra huerta» contamos cómo los conocimos gracias a una lectora y qué permite conservar sus frutos durante meses.

De un tomate a la próxima cosecha

Guardar semillas también es prestar atención a lo que nos gustó y darle una oportunidad de continuar. Un sobre pequeño puede llevar el recuerdo de una cosecha, un intercambio o una comida compartida.

¿Vos guardás semillas de tus tomates? ¿Tenés alguna variedad que volvés a sembrar todos los años? Contanos en qué parte del mundo cultivás y cómo lo hacés.

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