Cómo cultivar tomates en casa esta primavera

Sol, buena tierra, espacio y riego parejo: prepará tus tomates para la primavera y acompañalos desde el trasplante hasta los primeros frutos.

Cómo cultivar tomates en casa esta primavera

Pocas plantas anuncian la temporada cálida como una tomatera. Primero aparecen las flores amarillas, después unos frutos verdes que parecen no apurarse por nada y, finalmente, ese primer tomate maduro que hace que todo el trabajo haya valido la pena.

La primavera es una gran época para empezar, siempre que el frío fuerte ya haya quedado atrás en tu zona. El tomate necesita calor, sol y tiempo. No alcanza con mirar el calendario: una primavera en Buenos Aires no empieza igual que una en una región tropical o en una zona de montaña.

Elegí un lugar con mucho sol y espacio

Los tomates producen mejor cuando reciben varias horas de sol directo. Como referencia, buscá un lugar con unas seis a ocho horas de buena luz solar, aunque en regiones de calor extremo puede agradecer cierto alivio durante las horas más duras de la tarde.

Si vas a cultivar en maceta, no te quedes corto con el recipiente. El tamaño necesario depende de la variedad, pero para muchas tomateras un contenedor de alrededor de 20 litros es un punto de partida razonable y las variedades grandes agradecen todavía más volumen. Siempre tiene que tener buenos agujeros de drenaje.

También conviene saber qué tomate estás plantando. Las variedades determinadas suelen crecer de manera más compacta y concentrar la producción; las indeterminadas continúan alargando sus tallos durante la temporada y necesitan más espacio y un tutor firme.

Prepará la tierra antes del trasplante

El tomate necesita un suelo fértil, suelto y con buen drenaje. En tierra podés incorporar compost maduro antes de plantar. En macetas, usá un sustrato que conserve humedad pero que no permanezca empapado después de cada riego.

Cuando el plantín ya tiene buen desarrollo y las temperaturas permiten llevarlo afuera, acostumbralo gradualmente a las condiciones exteriores si venía creciendo protegido. Pasar de un interior tranquilo a sol, viento y noches frescas de un día para otro puede estresarlo bastante.

Al trasplantar tomates se puede enterrar una parte del tallo, retirando previamente las hojas que quedarían bajo tierra. El tallo de la tomatera puede formar raíces adventicias en la porción enterrada, algo útil especialmente cuando el plantín quedó demasiado largo.

Si cultivás varias plantas, dejales suficiente separación para que circule aire y puedan desarrollarse sin formar una selva imposible de revisar. La distancia exacta cambia según la variedad y el sistema de conducción.

Regá parejo y mirá lo que pasa en la tierra

El tomate agradece un riego profundo y relativamente regular. No existe una frecuencia universal: una maceta al sol en pleno verano puede secarse muchísimo más rápido que una planta en suelo cubierto con mulch.

Meté un dedo en la tierra y observá. Si los primeros centímetros están secos, probablemente sea momento de regar. Intentá dirigir el agua hacia el suelo en lugar de mojar innecesariamente todo el follaje, especialmente si las hojas van a quedar húmedas durante muchas horas.

Los cambios bruscos entre sequedad y exceso de agua pueden favorecer problemas en los frutos. Uno de los más conocidos es la podredumbre apical, esa mancha oscura que aparece en la base del tomate. Está relacionada con una dificultad del fruto para recibir calcio y el riego irregular puede contribuir al problema; no significa simplemente que haya que tirar calcio sobre la planta cada vez que aparece una mancha negra.

Una capa de cobertura orgánica sobre el suelo puede ayudar a conservar humedad y amortiguar los cambios de temperatura.

Tutores, flores y los primeros tomates

Conviene colocar el tutor temprano, antes de que la planta sea un pulpo de tallos que haya que convencer de subir por una caña. Puede ser una estaca, una estructura de alambre o cualquier soporte suficientemente firme para el tamaño adulto de la variedad.

Atá los tallos sin estrangularlos y revisá las sujeciones a medida que engrosan. En tomates indeterminados también podés conducir la planta y decidir cuánto podar según el espacio y el sistema de cultivo. No hace falta sacar brotes de manera automática a todas las tomateras: la poda depende de la variedad y de cómo quieras manejarla.

Cuando aparezcan las flores amarillas, la planta ya estará entrando en otra etapa. Los tomates se autopolinizan, aunque el movimiento del viento y de los insectos ayuda a liberar el polen. En balcones muy protegidos, una suave vibración de las flores puede favorecer ese proceso.

Después llega la parte divertida: ver engordar los frutos y esperar que cambien de color. Con sol, raíces con espacio, tierra fértil y un riego bastante parejo, una tomatera puede convertir un rincón mínimo de la casa en uno de los lugares más visitados del verano. Sobre todo cuando aparece el primer tomate rojo y de repente todo el mundo asegura que “justo pasaba por ahí”.

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