Por qué deberías sembrar girasoles en tu huerta
Los girasoles suman altura, flores, semillas y visitantes a la huerta. Aprendé cuándo sembrarlos y cómo aprovechar todo su ciclo.
Hay pocas plantas capaces de cambiar tanto una huerta en unas semanas. Primero aparecen dos hojitas bastante discretas. Después el tallo empieza a subir, las hojas se hacen enormes y, casi sin darte cuenta, tenés una flor amarilla mirando por encima de todo el cantero.
El girasol, Helianthus annuus, suma mucho más que color. Sus flores reciben polinizadores, su altura agrega otra capa al espacio y, al final del ciclo, las semillas pueden quedar para las aves, guardarse para una nueva siembra o cosecharse según la variedad que hayas elegido.
Sembrarlo cuando empieza el calor
El girasol es anual y disfruta del sol directo. En general conviene sembrarlo cuando ya pasó el riesgo de heladas fuertes y el suelo comenzó a calentarse. En buena parte del hemisferio sur eso coincide con la primavera; en el norte, con los meses posteriores al invierno. El calendario exacto cambia muchísimo con la región, así que el clima local manda más que la fecha escrita en un paquete.
Podés sembrarlo directamente en su lugar definitivo, enterrando las semillas unos pocos centímetros. La siembra directa evita manipular su raíz principal cuando la planta ya empezó a desarrollarse, aunque un plantín joven puede trasplantarse con cuidado si hace falta.
Elegí un lugar con varias horas de sol y suelo que drene bien. Las variedades grandes necesitan espacio y pueden agradecer protección frente a vientos fuertes. También existen girasoles más bajos, muy útiles para macetas grandes o lugares donde un gigante de dos metros terminaría saludando al vecino desde el balcón.
No hace falta convertir la tierra en una bomba de fertilizante. Un suelo con materia orgánica y nutrición equilibrada alcanza en muchas situaciones. Un exceso de nitrógeno puede favorecer demasiado el crecimiento vegetativo y no siempre se traduce en mejores flores.
Una torre de flores dentro de la huerta
La altura del girasol permite jugar con el diseño. Puede crear algo de sombra durante las horas más intensas y sumar estructura vertical a un cantero. Eso sí: antes de plantarlo, imaginá dónde va a estar el sol unas semanas después. Una fila de girasoles mal ubicada también puede quitarles luz a cultivos que la necesitan.
A veces se usan como apoyo de trepadoras, aunque conviene esperar a que el tallo esté suficientemente firme y no cargarlo demasiado. Los porotos, por ejemplo, pueden fijar nitrógeno gracias a su asociación con bacterias en las raíces, pero no hay que imaginar que están fertilizando instantáneamente al girasol vecino. El beneficio para el suelo se entiende mejor dentro del ciclo completo de la planta y de la materia orgánica.
Sus raíces exploran bastante suelo y, una vez terminado el cultivo, los restos sanos pueden incorporarse al compost. Más que prometer que el girasol “descompacta” mágicamente cualquier terreno, pensalo como otra raíz viva ocupando y atravesando el suelo durante la temporada.
Primero llegan los polinizadores, después las aves
Lo que llamamos flor del girasol es en realidad una cabezuela formada por muchísimas flores pequeñas. Cuando empieza a abrirse, es frecuente verla llena de abejas y otros visitantes buscando polen y néctar.
Después comienza otro espectáculo. A medida que maduran las semillas, distintas aves pueden acercarse a comerlas. Según dónde vivas aparecerán especies diferentes, y descubrir quién llega es parte de la gracia.
Si querés dejar semillas para las aves, podés simplemente mantener algunas cabezuelas secándose en la planta. Si querés guardar semillas para vos, protegé las que hayas elegido con una malla o bolsa respirable cuando empiecen a madurar. Así evitás llegar una mañana y encontrar un girasol impecablemente vacío gracias a un grupo de comensales madrugadores.
No hace falta espantar a todos: podés reservar algunas cabezas y compartir otras. La huerta también puede producir alimento que no termine en nuestro plato.
Guardar semillas para la próxima primavera
Cuando la parte posterior de la cabezuela se vuelve amarillenta o marrón y la planta empieza a secarse, las semillas están acercándose a la madurez. Podés dejar que termine de secarse en la planta si el clima acompaña o cortar la cabeza y completar el secado en un lugar ventilado y protegido de la humedad.
Una vez bien seca, las semillas suelen desprenderse al frotarlas con la mano. Si vas a guardarlas para sembrar, asegurate de que estén completamente secas antes de colocarlas en un sobre o recipiente, y mantenelas en un lugar fresco, seco y oscuro.
Si el girasol era un híbrido, las plantas nacidas de esas semillas pueden no ser iguales a la planta madre. Si te interesa conservar una variedad año tras año, buscá variedades de polinización abierta y, si cultivás varias muy cerca, tené presente que pueden cruzarse.
Y después queda esperar. En primavera una semilla cabe entre dos dedos; unos meses más tarde puede sostener cientos de flores diminutas y tener pájaros colgados de la cabeza. Pocas plantas hacen tanto teatro con tan poco.
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