Tipos de albahaca para tu huerta: verdes, moradas y perennes
No todas las albahacas son iguales: conocé variedades verdes, moradas y perennes, qué sabor tienen y cuál puede funcionar mejor en tu espacio.
Decimos “albahaca” y enseguida aparece en la cabeza una planta verde, perfumada y lista para terminar arriba de un tomate. Pero hay muchísimas albahacas y no todas tienen el mismo color, aroma, tamaño ni duración.
Algunas son pequeñas y compactas, otras desarrollan hojas enormes; las hay verdes, moradas, con perfume a limón o con notas especiadas. Y también existen especies de albahaca que pueden vivir más de una temporada cuando el clima lo permite.
Conocer esas diferencias sirve para algo más interesante que coleccionar nombres: te permite elegir la albahaca que realmente querés cultivar.
Las verdes tienen mucho más que pesto
La albahaca genovesa, una de las más conocidas dentro de Ocimum basilicum, tiene hojas verdes, grandes y tiernas y es la clásica asociada al pesto. Pero dentro de la misma especie existen numerosas variedades con tamaños y aromas diferentes.
La albahaca de hoja pequeña forma matas más compactas y puede resultar cómoda en macetas. Otras variedades presentan notas cítricas, anisadas o especiadas que cambian bastante lo que después ocurre en la cocina.
Muchas de estas albahacas se cultivan como anuales: crecen durante la época cálida, florecen, producen semillas y sufren mucho cuando llegan las bajas temperaturas y, especialmente, las heladas.
Necesitan buena luz y calor para desarrollarse. En climas templados suele ser mejor esperar a que haya pasado el riesgo de heladas antes de instalarlas definitivamente afuera.
Las moradas también cambian el paisaje
Las albahacas moradas llaman la atención incluso antes de acercarse a olerlas. Sus hojas pueden ir del púrpura al borravino oscuro y funcionan tanto como aromática como planta ornamental.
Existen distintas variedades moradas de Ocimum basilicum, por lo que no todas tienen exactamente el mismo sabor ni aspecto. Algunas resultan más especiadas que una genovesa clásica y otras se usan simplemente porque ese follaje oscuro entre tomates, verdes y flores queda espectacular.
Para mantener un crecimiento compacto necesitan buena luz. También agradecen un sustrato fértil y drenante y riegos regulares sin dejar las raíces permanentemente empapadas.
Si la cultivás para cosechar hojas, cortar las puntas con frecuencia estimula la ramificación. La planta responde produciendo nuevos brotes laterales y termina mucho más frondosa que si la dejamos crecer como una única torre verde —o violeta— rumbo al cielo.
Las perennes juegan con otras reglas
Cuando hablamos de albahacas perennes entramos en otro grupo. Algunas especies y algunos híbridos pueden vivir varios años en condiciones adecuadas y desarrollar una estructura más arbustiva que las albahacas anuales habituales.
Entre ellas existen albahacas africanas y otros tipos perennes cuyos aromas pueden ser más intensos, especiados o alcanforados. No conviene asumir que todas reemplazan de la misma manera a la genovesa en una receta: una hoja puede decir “albahaca” y aun así llevar el plato para un lugar completamente distinto.
Que una albahaca sea perenne tampoco significa que soporte cualquier invierno. Muchas siguen siendo sensibles al frío intenso y necesitan protección en zonas con heladas. En climas suaves pueden permanecer afuera; en regiones frías puede ser necesario resguardarlas o cultivarlas en un recipiente que permita moverlas.
Además, algunas alcanzan bastante tamaño. Antes de plantar una pensando que será una aromática tímida en el borde de una maceta, averiguá qué dimensiones puede tener de adulta.
Cómo mantenerlas productivas durante la temporada
La mayoría de las albahacas agradecen un suelo con materia orgánica, buen drenaje, calor y riego suficiente para que no pasen largos períodos completamente secas. En maceta, el control del agua es especialmente importante porque el sustrato puede secarse con rapidez.
Si querés cosechar hojas durante más tiempo, podá por encima de un par de hojas para estimular nuevas ramas. Cuando aparecen flores no ocurre una catástrofe: la planta simplemente empieza a dedicar más energía a la reproducción y pueden cambiar la textura y el sabor de las hojas. Podés retirar las flores si tu prioridad es seguir cosechando follaje, o dejar algunas para disfrutar de los polinizadores y obtener semillas en variedades fértiles.
Observá también el envés de las hojas y los brotes nuevos. Pulgones, mosca blanca, babosas y caracoles pueden aparecer según el lugar y la época, pero no hace falta tratar una planta sana “por las dudas”. Primero mirá qué está pasando.
Y ahí está probablemente lo más lindo de salir de la albahaca de siempre: podés tener una para pesto, otra por su color, otra por un aroma inesperado y una perenne que ya forma parte del jardín. De golpe “plantar albahaca” deja de ser una sola decisión y se convierte en una pequeña colección.
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